El problema de buscar un único veredicto
Cuando alguien te pregunta «¿Y qué tal estuvo tu año?» mientras toman algo en diciembre o durante una cena tranquila de cumpleaños, puede resultar difícil encontrar un adjetivo lo bastante amplio como para abarcar doce meses muy distintos entre sí. Si en abril ocurrió algo duro, decir que todo el año fue bueno puede sentirse poco honesto. Si en octubre llegaron unas cuantas semanas luminosas, decir que todo el año fue terrible las borra de un plumazo. Una sola calificación obliga a que días muy dispares compitan por quedarse con el título.
Un año calendario —o cualquier tramo de doce meses que estés repasando— no tiene por qué comportarse como un capítulo ordenado con un solo tema. Tratarlo como un boletín de calificaciones puede convertir la reflexión en una auditoría, como si le debieras al calendario un resumen impecable o una lección aprendida. Tienes la opción de mirar atrás sin ponerle nota a tu resistencia ni forzar un lado positivo en una etapa que simplemente fue agotadora.
Cuatro ventanas hacia un tramo de tiempo desigual
En lugar de andar a la caza de un único titular, prueba a trazar una cruz sencilla en un trozo de papel o en el reverso de un sobre para formar cuatro recuadros pequeños. Ponle a cada recuadro una etiqueta simple: algo terminado, algo que sigue abierto, algo cotidiano que vale la pena conservar y algo que quedó fuera de tu control. Solo necesitas una o dos frases en cada esquina, y no tienes por qué enseñarle el papel a nadie.
El primer recuadro recoge lo que efectivamente cruzó una línea de meta, aunque fuera algo modesto, como terminar de pagar la factura del dentista, despejar un cobertizo o aprobar un examen de certificación. El segundo recuadro le da a los asuntos pendientes un lugar legítimo donde reposar —una conversación con un hermano o hermana que aún no encuentra su cauce, o un pasillo pintado a medias— para que no invadan el resto de la página. El tercer recuadro es para los pequeños consuelos repetibles: una noche de sopa los martes que hizo más llevadero el invierno, o una caminata de veinte minutos antes del trabajo. El cuarto recuadro nombra el clima que tú no elegiste, como una reestructuración en la empresa, un propietario que pone en venta el edificio o una enfermedad larga en la familia, separando así tu esfuerzo de las circunstancias que no podías dirigir.
Cómo se ve la página sin forzar un lado positivo
Imagina a una persona hipotética que repasa los doce meses transcurridos desde que se mudó a una ciudad nueva. Bajo «algo terminado», escribe que se aprendió las rutas de autobús y presentó sus impuestos a tiempo. Bajo «algo que sigue abierto», anota que todavía no tiene una amistad cercana a menos de veinte minutos de su apartamento. En «algo cotidiano que vale la pena conservar», apunta una llamada telefónica de los domingos con un primo y la costumbre de comprar buen café en grano. Bajo «fuera de su control», enumera una congelación de contrataciones de dos meses en su trabajo y un sótano inundado en julio.
Fíjate en que nada en esa página afirma que el sótano inundado le haya enseñado resiliencia, ni que los fines de semana solitarios fueran en secreto un regalo. Las cuatro ventanas permiten que el buen café y la congelación de contrataciones convivan en la misma hoja de papel sin anularse mutuamente. Si pruebas esto junto a tu pareja o una amistad, cada quien puede leer en voz alta únicamente los recuadros que le apetezca compartir; una nota privada en el cuarto recuadro puede quedarse doblada en tu bolsillo.
Dejar una ventana en blanco
Puede que te sientes a probar este ejercicio y descubras que uno de los cuatro recuadros te resulta irritante o pesado. En un año en el que pasaste meses cuidando a un familiar o lidiando con trámites burocráticos, ponerte a buscar algo terminado puede sentirse como otra obligación más. En ese caso, puedes tachar el encabezado que te incomoda, dejar ese cuarto de la página en blanco o detenerte después de rellenar una sola esquina.
Un balance solo es útil si te deja con un poco más de espacio para pensar. A veces, una manera directa de marcar un tramo de tiempo irregular consiste en guardar un hábito cotidiano que te gustó, reconocer una cosa que no pudiste arreglar y dejar ir el resto del año sin hacer un resumen.
Dale un lugar a esta reflexión en tu propia línea.
Empezar mi línea